Puebla de la Sierra, Sierra Norte

Dificultad MediaSenderismoFormato Circular

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Ficha técnica

TIPO DE ITINERARIO Circular
SEÑALIZACIÓN Sin Señalizar
DIFICULTAD
Media
DISTANCIA APROXIMADA
4.000 m
DURACIÓN APROXIMADA
1 h. y 30 min.
DESNIVEL
200 m
ÉPOCA ACONSEJADA
Primavera y otoño.

 

Perfil 11

Acceso al punto de inicio: Por la A-1 hasta la salida 76. Coger la M-137 hasta Prádena del Rincón. Una vez allí, tomar la M-130 hasta Puebla de la Sierra. Al pueblo se entra por la calle Mayor, que conduce a la Plaza de Carlos Ruiz.

Este itinerario circular por el entorno natural privilegiado próximo al núcleo urbano de Puebla de Sierra parece especialmente diseñado para realizarlo durante los meses otoñales. Es en esta época cuando los bosques caducifolios que atraviesa cobran una preciosa tonalidad ocre, rojiza y dorada y un manto de hojas cubre los caminos. En primavera, el valle también luce espectacular gracias al color amarillo verdoso de las flores.

Nada más salir de la localidad, por la carretera que conduce a Robledillo de la Jara y que coincide con el trazado del Cordel de la Mata de la Fuente, la ruta comienza a descender suavemente en paralelo al río de la Puebla para adentrarse en el valle por la Cañada Real de la Ciquiruela. Su cauce es el eje sobre el que se estructura el paisaje de la zona y en sus márgenes crece una de las alisedas más espectaculares de la region. El aliso (Alnus glutinosa) es un árbol caducifolio de mediana altura, con hojas redondeadas de color verde oscuro y cuyo hábitat natural son los lugares húmedos.

La gran amplitud del valle de la Puebla contrasta con el diminuto pueblo –la densidad de población de la zona es bajísima y no llega a un habitante por km2–. Tras surcar amplias dehesas, la ruta atraviesa frondosos bosques de melojos (Quercus pyrenaica) –especie de roble que no sobrepasa los 25 m, con la corteza pardusca y las hojas grandes, fuertemente lobuladas y de color verde intenso– salpicados de arces de Montpellier (Acer monspessulanum) –árbol propio de la región mediterránea, de tamaño medio, corteza grisácea y pequeñas hojas trilobuladas verdes oscuras–, fresnos comunes (Fraxinus angustifolia) –de copa amplia, tronco de corteza grisácea y rugosa y hojas con el borde finamente dentado– y numerosas jaras pringosas (Cistus ladanifer) –muy fáciles de distinguir gracias a sus flores blancas y grandes y sus hojas alargadas, estrechas e impregnadas de ládano, una resina muy pegajosa y olorosa que les da un aspecto brillante–.

Hay que realizar un último esfuerzo para ascender entre paisajes más abruptos de canchales y roquedos, donde la pista de tierra desaparece y debe andarse ladera arriba entre piedras y numerosísimos matorrales de gran tamaño. Se trata del tramo con más dificultad del itinerario, pues hay que avanzar apartando ramas y esquivando la abundante vegetación. Aunque el camino no está marcado, no tiene pérdida. Hay que subir de frente en todo momento, dejando a mano derecha un contundente afloramiento rocoso de cuarcitas.

Finalmente, el matorral se despeja y vuelve a transitarse por zonas abiertas hasta llegar a un camino de tierra que hay que coger hacia la izquierda para comenzar a descender suavemente por la ladera, entre pastizales, y así llegar al núcleo urbano.

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