Hoyo de Manzanares, Cuenca Alta del Manzanares

Dificultad BajaInviernoAptas para NiñosSenderismo

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Ficha técnica

TIPO DE ITINERARIO Lineal
SEÑALIZACIÓN Parcialmente señalizada
DIFICULTAD Baja
DISTANCIA APROXIMADA 5,6 km (Ida)
DURACIÓN APROXIMADA 2 h
DESNIVEL 65 m (140 m descenso)
ÉPOCA ACONSEJADA Evitar el verano y los días calurosos

Acceso al punto de inicio: Por la A-6 hasta la salida 29. En Torrelodones coger la M-618 en dirección a Hoyo de Manzanares, localidad que hay que cruzar para seguir por la carretera. Pasado el km 11, surge a su izquierda la explanada donde empieza la ruta.

La Cañada del Zahurdón –nombre con el que popularmente se conoce a este itinerario que transcurre por los cordeles de Cantalojas y el Zahurdón– es un camino de trashumancia que, antiguamente, fue utilizado para trasladar el ganado ovino –principalmente ovejas merinas– en busca de los mejores pastos. En verano, los rebaños se asentaban en las zonas más frescas del norte peninsular, mientras que para el invierno, cruzaban el país en busca de llanos y parajes templados. En la actualidad, su excelente estado de conservación la convierte en un reclamo para paseantes y senderistas, pues se trata de una amplia pista de grava por la que resulta muy cómodo caminar y que se adentra en un entorno natural privilegiado, el que conforma el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares –reserva natural de 52.796 hectáreas de superficie que, desde los límites del conjunto urbano de Madrid, se extiende hacia la Sierra de Guadarrama– a la altura de Hoyo de Manzanares.

La ruta arranca pasado el km 11 de la M-618, donde surge, a la izquierda de la carretera, una explanada donde hay una zona de aparcamiento para dejar el vehículo. A su lado, se abre camino la Cañada del Zahurdón que, en dirección norte, le llevará a la carretera comarcal M-607, final del recorrido. Al tratarse de una vía pecuaria perfectamente delimitada –en gran parte del itinerario se levantan cercas de piedra a ambos lados–, resulta casi imposible desviarse del sencillo paseo propuesto. Éste aunque no cuente con desniveles considerables, en las zonas de mayor altitud permite divisar a lo lejos La Pedriza y el Embalse de Santillana.

Junto a los muros de piedra abundan las zarzamoras (Rubus fruticosus) y los rosales silvestres (Rosa canina). Los márgenes del camino están tapizados por pasto, matorrales y arbustos de pequeño y mediano porte como el cantueso (Lavandula stoechas), el enebro rastrero (Juniperus communis subsp. nana), la jara pringosa (Cistus ladanifer), la retama negra (Cytisus scoparius), el tomillo (Thymus vulgaris), el torvisco (Daphne gnidium) o la siempreviva amarilla (Helichrysum stoechas). Los alrededores de la cañada están poblados de enebro de miera (Juniperus oxycedrus), encinas (Quercus ilex) y fresnos comunes (Fraxinus angustifolia). Estos parajes adehesados constituyen el hábitat idóneo para distintas especies de aves como el estornino negro (Sturnus unicolor), la grajilla (Corvus monedula) o el rabilargo (Cyanopica cooki) y, en los periodos más fríos, también se ven ejemplares de avefría europea (Vanellus vanellus).

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